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Cómo montar un sistema de captación de agua de lluvia

  • Foto del escritor: red colapso
    red colapso
  • 17 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Durante décadas nos acostumbramos a abrir el grifo y dar por hecho que el agua siempre estaría ahí. Barata, abundante y constante. Sin embargo, las sequías más largas, los cortes puntuales y el encarecimiento de los servicios básicos nos recuerdan una realidad incómoda: el acceso al agua depende de sistemas complejos y frágiles.


Frente a eso, la captación de agua de lluvia no es una excentricidad ni una moda ecológica. Es una práctica ancestral que vuelve a cobrar sentido. Y lo mejor es que no hace falta vivir en el campo ni invertir grandes cantidades de dinero para empezar.


Este texto no es un manual técnico lleno de esquemas, sino una explicación clara y cercana para que entiendas cómo funciona un sistema de captación y cómo adaptarlo a tu realidad.


La idea básica: aprovechar lo que ya cae del cielo

Un sistema de captación de lluvia es, en esencia, muy simple: cuando llueve, el agua cae sobre tu tejado, baja por los canalones y, en lugar de perderse por el desagüe, la recoges y la guardas para usarla más adelante.


No hay magia. No hay alta tecnología. Solo sentido común.


A partir de ahí, el sistema puede ser tan sencillo como un bidón conectado a una bajante o tan completo como un aljibe con filtros y bomba. Todo depende de para qué quieras el agua y de cuánto quieras complicarte.


El tejado: tu superficie de recogida

El tejado es el gran protagonista. Cada metro cuadrado cuenta.

Para que te hagas una idea: un solo milímetro de lluvia equivale a un litro de agua por metro cuadrado. En una lluvia moderada de 20 mm, un tejado de 100 m² puede recoger unos 2.000 litros. Es decir, miles de litros que normalmente desaparecen por la alcantarilla.


Los tejados de teja cerámica, pizarra o chapa metálica funcionan especialmente bien. Conviene evitar cubiertas con materiales tóxicos o muy degradados, sobre todo si en el futuro se quiere dar un uso más doméstico al agua.


Canalones: donde empieza todo de verdad

Sin canalones en buen estado, no hay sistema.

Aquí no hace falta reinventar nada: basta con que estén limpios, bien sujetos y con la pendiente adecuada. Un simple atasco de hojas puede arruinar la recogida justo en la tormenta que más agua trae.


Un detalle importante es intentar que al menos una bajante esté dedicada exclusivamente al sistema de captación, sin mezclarla con desagües generales. Eso hace el conjunto más limpio y fácil de controlar.


Las primeras lluvias no se aprovechan (y esto es clave)

Cuando empieza a llover, el agua no llega limpia al depósito. Las primeras gotas arrastran todo lo que se ha ido acumulando en el tejado durante días o semanas: polvo en suspensión, restos de hojas, excrementos de aves, polen e incluso contaminantes atmosféricos. Esa primera agua cumple una función de lavado del tejado, pero no es la que queremos almacenar.


Aquí entra en juego el desvío de primeras aguas que es un dispositivo muy sencillo que se instala en la bajante, antes de que el agua entre al depósito. Su función es separar y descartar automáticamente los primeros litros de cada episodio de lluvia. Una vez que ese primer volumen se llena, el resto del agua —mucho más limpia— continúa su camino hacia el sistema de filtrado y almacenamiento.

La mayoría funcionan con un tubo vertical que se va llenando al comenzar la lluvia.


Cuando ese tubo se llena, una válvula, flotador o sistema de cierre permite que el agua limpia siga hacia el depósito. Al terminar de llover, el tubo se vacía lentamente y queda listo para la siguiente lluvia.

No necesita electricidad, no requiere mantenimiento complejo y trabaja de forma totalmente automática.


Filtrar sin complicarse

Después del desvío inicial, el filtrado puede ser muy básico. No hace falta pensar en potabilización si el agua va a usarse para riego, limpieza o cisternas.

Una malla que retenga hojas e insectos suele ser suficiente. Quien quiera ir un paso más allá puede añadir capas de grava, arena o incluso carbón vegetal, pero siempre desde la lógica de la sencillez: cuanto más simple, menos mantenimiento.


El depósito: donde se guarda el tesoro

Aquí es donde el sistema se vuelve visible.

Los depósitos más utilizados son los bidones grandes o los contenedores IBC de 1.000 litros. Son relativamente baratos, fáciles de conseguir y muy resistentes.


Lo importante es que sean opacos y estén cerrados, para evitar algas y mosquitos. Si se colocan ligeramente elevados, el agua puede salir por gravedad sin necesidad de bombas.


En muchos casos es mejor conectar varios depósitos medianos que instalar uno enorme: se adaptan mejor al espacio y facilitan el mantenimiento.


Usar el agua: simple o más completo

La forma más sencilla de aprovechar el agua es por gravedad: una manguera o grifo conectado al depósito y listo. Para huertos y jardines es más que suficiente.

Si se quiere usar dentro de casa (lavadora, cisterna, limpieza), suele ser necesario añadir una bomba. Esta puede funcionar con electricidad convencional o integrarse en un pequeño sistema solar, cerrando aún más el círculo de autonomía.


Mantenimiento: poco, pero constante

Un sistema de captación no exige grandes esfuerzos, pero sí cierta atención:

  • Limpiar canalones un par de veces al año

  • Revisar filtros tras lluvias intensas

  • Vaciar y limpiar el depósito de vez en cuando

Ese cuidado básico garantiza agua en mejores condiciones y un sistema que dura años.

Más que agua: una cuestión de resiliencia

Captar agua de lluvia no va solo de ahorrar unos euros o regar el huerto. Va de recuperar control sobre algo esencial.

Es una forma de reducir dependencia de redes vulnerables, de adaptarse a un clima cada vez más imprevisible y de reconectar con soluciones sencillas que funcionan.

En un mundo donde todo parece lejano y gestionado por otros, recoger el agua que cae sobre tu propio tejado es un gesto pequeño, pero profundamente transformador.

 
 
 

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