Energías renovables: por qué no bastan para mantener nuestro estilo de vida actual.
- red colapso
- 30 nov 2025
- 2 Min. de lectura

Durante años se nos ha vendido la idea de que las energías renovables —como la solar, la eólica o la hidroeléctrica— son la solución mágica a la crisis energética y ambiental. La promesa era clara: reemplazar el carbón, el gas y el petróleo por fuentes limpias y seguir viviendo como hasta ahora, sin renunciar a nada. Pero la realidad es mucho más compleja.
La ilusión de una transición sin sacrificios
El mayor error de la narrativa dominante es creer que basta con cambiar la fuente de energía para mantener intacto nuestro modelo de consumo. Sin embargo, nuestro estilo de vida actual —basado en la abundancia, el transporte masivo, la hiperproducción y el derroche— depende de una energía abundante, densa y barata. Y las renovables, aunque limpias, no cumplen esas tres condiciones.
La densidad energética importa
Un litro de petróleo contiene una cantidad enorme de energía concentrada. Esa densidad permite mover camiones, aviones, barcos y maquinaria pesada con una eficiencia que las baterías o el hidrógeno aún no pueden igualar. Las energías renovables, en cambio, requieren infraestructuras enormes para producir la misma cantidad de energía: kilómetros de paneles solares, hectáreas de aerogeneradores, grandes redes eléctricas y materiales escasos como el litio, el cobre o las tierras raras.
Intermitencia y dependencia tecnológica
El sol no siempre brilla y el viento no siempre sopla. Esto significa que las renovables no garantizan un suministro constante, a menos que existan sistemas de almacenamiento eficientes y baratos… algo que aún está lejos de lograrse a gran escala. Además, la fabricación, instalación y mantenimiento de estas tecnologías depende todavía del petróleo y de una cadena global de suministro intensiva en energía fósil.
El límite material
Para sustituir completamente los combustibles fósiles por renovables, harían falta cantidades inmensas de minerales: cobre, litio, níquel, plata… Y muchos de ellos son finitos o se concentran en unos pocos países.Intentar electrificarlo todo sin cambiar el modelo de consumo implicaría una nueva forma de extractivismo, con graves consecuencias sociales y ambientales.
Hacia un modelo de vida más sobrio
La verdadera transición energética no consiste solo en cambiar de tecnología, sino en cambiar de mentalidad. Necesitamos adaptarnos a un mundo donde la energía será más cara, más limitada y más local.Esto implica:
Reducir el consumo superfluo.
Reorganizar las ciudades para depender menos del coche.
Fomentar economías locales y circulares.
Apostar por la autosuficiencia y la resiliencia comunitaria.
Las renovables son parte del futuro, pero no podrán sostener un modelo basado en el despilfarro. Si queremos un mundo sostenible, debemos aprender a vivir mejor con menos.



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