Los plásticos y los tóxicos que invaden nuestros cuerpos
- red colapso
- 12 nov 2025
- 3 Min. de lectura
Vivimos rodeados de plástico. Está en los envases, la ropa, los cosméticos, los electrodomésticos, los coches y hasta en los alimentos que comemos. Durante décadas hemos confiado en este material milagroso, ligero, resistente y barato. Pero ahora empezamos a descubrir su lado oscuro: el plástico no desaparece. Se fragmenta, se infiltra en el aire, el agua y el suelo… y acaba dentro de nosotros.

Microplásticos: el enemigo invisible
Los microplásticos —partículas de menos de 5 milímetros— se encuentran ya en todas partes: en el agua del grifo, en la sal, en el aire que respiramos e incluso en la lluvia. Según estudios recientes, cada persona podría estar ingiriendo más de 50.000 partículas de plástico al año, y respirando una cantidad similar.Estas diminutas partículas se alojan en nuestros pulmones, sangre y tejidos, y aunque todavía se investiga su impacto a largo plazo, ya se sabe que pueden provocar inflamación, estrés oxidativo y alterar el sistema inmunológico.
El cóctel químico del mundo moderno
A los plásticos se suman miles de sustancias químicas sintéticas que utilizamos sin pensar: pesticidas, disolventes, retardantes de llama, perfumes artificiales, colorantes, metales pesados… Se estima que hay más de 350.000 compuestos químicos registrados a nivel global, y la mayoría no han sido evaluados adecuadamente por sus efectos en la salud humana.Algunos son disruptores endocrinos, capaces de alterar nuestras hormonas incluso a dosis ínfimas. Otros se acumulan en la grasa corporal o en los órganos, actuando como una bomba de relojería silenciosa.
¿De dónde vienen estos tóxicos?
Alimentos y envases: el plástico de los envases libera microplásticos y aditivos (como el bisfenol A o los ftalatos) que migran a los alimentos.
Ropa sintética: cada lavado libera miles de fibras plásticas al agua, que terminan en ríos y mares.
Cosméticos y productos de higiene: muchos contienen microperlas o fragancias sintéticas que penetran en la piel o se inhalan.
Aire y polvo doméstico: los plásticos de muebles, pinturas y aparatos electrónicos se degradan y liberan partículas que respiramos sin darnos cuenta.
Cuando el cuerpo se convierte en vertedero
Estudios han encontrado microplásticos en la sangre, la placenta, los pulmones e incluso en el cerebro humano. No es exagerado decir que el plástico se ha integrado en nuestra biología.Algunos investigadores advierten que estamos creando una nueva forma de contaminación interna que podría afectar al desarrollo fetal, la fertilidad, el sistema inmunitario e incluso el metabolismo.
¿Podemos evitarlo?
Aunque escapar totalmente de los plásticos y los tóxicos es casi imposible, sí podemos reducir nuestra exposición con pequeños gestos diarios:
Evita los envases de un solo uso y opta por vidrio, acero o cerámica.
No calientes comida en recipientes de plástico.
Usa productos de limpieza y cosmética naturales.
Compra ropa de fibras naturales y lava menos frecuentemente las prendas sintéticas.
Prioriza alimentos frescos y sin procesar, y evita los que vienen muy envasados.
Ventila la casa a diario y limpia el polvo con paños húmedos.
Cada decisión cuenta. No se trata solo de proteger nuestro cuerpo, sino de romper el ciclo de contaminación que también destruye los ecosistemas de los que dependemos.
Los plásticos y los tóxicos que invaden nuestros cuerpos son un reflejo del modelo industrial en el que vivimos: producir, consumir y desechar sin mirar las consecuencias. Pero el cambio empieza en la conciencia.Reducir el plástico es también un acto de resistencia: una forma de reclamar un mundo más limpio, sano y habitable para nosotros y para quienes vendrán después.



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